Rosario Castellanos, escribir eres tú

por | Jun 21, 2021

Escribir es un encuentro, un acto íntimo. Escribir arde. Es configurar la memoria, mirarse así mismo. Rosario Castellanos afirma que, empezó a escribir al mirarse a un espejo y no encontrar a nadie.

Escribir para Castellanos se convirtió en una búsqueda sin final aparente, un camino empedrado del devenir, una constelación de dudas y prejuicios más allá del cielo trazado por hombres.

La vida personal de Rosario Castellanos marcó su literatura y su lugar en el mundo. Durante su niñez vivió en Chiapas y aunque disfrutó los beneficios de ser hija de hacendados, fue testigo de los constantes abusos al pueblo indígena, la preferencia al varón y la invisibilidad femenina en todas las áreas, lo cual quedó reflejado en Balún Canán, nombre maya que refiere a las “nueve estrellas” del sitio que hoy se conoce como Comitán, Chiapas. Es, en definitiva, su trabajo más autobiográfico. La escritura de Castellanos se convierte en destello ante el precipicio de su vida.

La novela está divida en dos partes. “Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra que es el arca de la memoria”… es el inicio de la novela; narrada por una niña. Una mirada infantil llena de nostalgia y heridas. Es curioso como dentro de esta primera parte, la niña nunca recibe nombre, no existe, está ahí, habita la nada, un presentimiento en la obra de Castellanos, donde la mujer tiene que buscarse un lugar propio en casa o en bien, en el infierno donde tiene asegurado un lugar.

Rosario Castellanos escribe sobre el silencio y el amor: “tiene la boca apretada como si se la hubiera cerrado un secreto”. La ley prohíbe querer: —¿Es malo querernos? —Es malo querer a los que mandan, a los que poseen. Así dice la ley-

El personaje de la nana rescata el misticismo y la cosmovisión indígena. —¿Quiénes son los nueve guardianes? —Niña, no seas curiosa. Los mayores lo saben y por eso dan a esta región el nombre de Balún-Canán. Lo llaman así cuando conversan entre ellos. Pero nosotros, la gente menuda, más vale que nos callemos. Hay árboles, hay orquídeas, hay pájaros que deben respetarse. Los indios los tienen señalados para aplacar la boca de los guardianes. No los toques porque te traería la desgracia. —

La segunda parte de la novela se centra en mostrar las diferencias de clase, las ideas añejas de moralidad, los engaños de la posición social y un México que sigue latente en comunidades minoritarias como los migrantes, los discapacitados, adultos mayores, enfermos mentales, indígenas y también para las mujeres.

Castellanos refleja la injusticia y la corrupción de un sistema de poder fracturado y podrido en las costumbres de limitar la participación indígena, mantener dormidos y sin preguntas a los trabajadores y encerrar a las mujeres en los paradigmas de la soltería, el matrimonio y la crianza.

La autora retoma la muerte de su hermano y lo inmortaliza en el personaje de Mario, el hermano menor y se descubre a sí misma como un fantasma ante los ojos de su madre, “ojalá hubieras sido tú”. Las últimas líneas de Balún Canán son una promesa de perdón. Perdón por ser.

Esta herida se mantuvo abierta en toda la obra de Castellanos, en sus ensayos, poesía y novelas. Con su madurez, Rosario desarrolló una deliciosa ironía que salpica y decora toda su literatura, especialmente en Lección de Cocina, un cuento imperdible.

En Mujer que sabe latín, Castellanos da un giro al antiguo dicho: “Mujer que sabe latín, no tiene marido, ni buen fin”. En este ensayo, la autora despliega una crítica envenenada e invencible ante los prejuicios contra la mujer, en una construcción literaria que oscila entre lo superficial y la burla, por ejemplo: “Mujer es un término que adquiere un matiz de obscenidad y por eso deberíamos dejar de utilizarlo. Tenemos a nuestro alcance muchos otros más decentes: dama, señora, señorita y, ¿por qué no?, “hada del hogar”

Castellanos construye su ensayo desde el análisis profundo e íntimamente personal sobre el “ser mujer” y la idea reinante del “ser mujer” asignado por la tradición cultural.

Castellanos analiza a lo largo del texto la vida de mujeres escritoras y filósofas como Virginia Wolf, Doris Lessing, Mary McCarthy, entre otras y aquí devela una visión intensa en matices y referencias que bien vale la pena leer detenidamente. La autora también retoma su historia lectora, el poder del lenguaje, justificar o no su propia obra y la pregunta constante sobre que libros elegir si se va a un lugar desierto.

En Poesía no eres tú, Castellanos de nuevo recurre a la ironía y transforma el inmortal verso de Bécquer “Poesía eres tú”, en una antología de su obra poética. Su poesía combina la sensualidad, el cielo, la necesidad de sentirse amada y la nostalgia de saberse siempre incompleta.

Rosario Castellanos defendió la libertad de la mujer, la configuración del ser femenino en la búsqueda de su propia identidad y realización fuera de estigmas y roles sociales, en un camino que ella apunta es directo y fácil al infierno; entonces ahí, en el infierno de ser mujeres, nos encontraremos con ella.

Para conocer más a Rosario Castellano, descarga gratuitamente:

Narrativa
http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/42-015-rosario-castellanos

Poesía
http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/123-053-rosario-castellanos

EN EL FILO DEL GOZO

I

Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:
que estrelle en si sus olas funestas sin tocarme
y resbale en espuma deshecha y humillada.
Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,
palabras que los vientos dispersan como pétalos,
campanas delirantes al crepúsculo.
Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,
todo lo que los lagos atesoran de cielo
más el bosque y la piedra y las colmenas.

(Cuajada de cosechas bailo sobre las eras
mientras el tiempo llorar por sus guadañas rotas.)

Venturosa ciudad amurallada,
ceñida de milagros, descanso en el recinto
de este cuerpo que empieza donde termina el mío.

II

Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,
rompiéndome en el filo del gozo o mansamente
lamiendo las arenas asoleadas

(Bajo tu tacto tiemblo
como un arco en tensión palpitante de flechas
y de agudos silbidos inminentes.
Mi sangre se enardece igual que una jauría
olfateando la presa y el estrago.
Pero bajo tu voz mi corazón se rinde
en palomas devotas y sumisas)

III

Tu sabor se anticipa entre las uvas
que lentamente ceden a la lengua
comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es júbilo.

Cuando partes, arrasas jardines y transformas
la feliz somnolencia de la tórtola
en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas,
el ánimo turbado te presiente
como los ciervos jóvenes la vecindad del agua.

LA ANUNCIACIÓN

I

Porque desde el principio me estabas destinado.
Antes de las edades del trigo y de la alondra
y aun antes de los peces.
Cuando Dios no tenía más que horizontes
de ilimitado azul y el universo
era una voluntad no pronunciada.
Cuando todo yacía en el regazo
divino, entremezclado y confundido,
yacíamos tú y yo totales, juntos
pero vino el castigo de la arcilla.
Me tomó entre sus dedos, desgarrándome
de la absoluta plenitud antigua.
Modeló mis caderas y mis hombros,
me encendió de vigilias sin sosiego
y me negó el olvido.
Yo sabía que estabas dormido entre las cosas
y respiraba el aire para ver si te hallaba
y bebía de las fuentes como para beberte.
huérfana de tu peso dulce sobre mi pecho,
sin nombre mientras tú no descendieras
languidecía, triste en el destierro.
Un cántaro vacío semejaba
nostálgico de vinos generosos
y de sonoras e inefables aguas.
una cítara muda parecía.
No podía siquiera morir como el que cae
aflojando los músculos en una
brusca renunciación. Me flagelaba
la feroz certidumbre de tu ausencia,
adelante, buscando tu huella o tus señales.
No podía morir porque aguardaba.

Porque desde el principio me estabas destinado
era mi soledad un tránsito sombrío
y un ímpetu de fiebre inconsolable.

II

Porque habías de venir a quebrantar mis huesos
y cuando Dios les daba consistencia pensaba
en hacerlos menores que tu fuerza.
Dócil a tu ademán redondo mi cintura
y a tus orejas vírgenes mi voz, disciplinada
en intangibles sílabas de espuma.
multiplicó el latido de mis sienes,
organizó las redes de mis venas
y ensancho las planicies de mi espalda.
Y yo medí mis pasos por la tierra
para no hacerte daño.
Porque ante ti que estás hecho de nieve
y de vellones cándidos y pétalos
debo ser como un arca y como un templo:
ungida y fervorosa,
elevada en incienso y en campanas.

Porque habías de venir a quebrantar mis huesos,
mis huesos a tu anuncio, se quebrantan.

III

Para que tú lo habites quisiera depararte
un mundo esclarecido de céfiros, laurales,
fosforescentes algas, litorales sin término,
grutas de fino musgo y cielos de palomas.

IV

He aquí que te anuncias.
Entre contradictorios ángeles te aproximas,
como una suave música te viertes,
como un vaso de aromas y de bálsamos.

Por humilde me exaltas. Tu mirada,
benévola, transforma
mis llagas en ardientes esplendores.

He aquí que te acercas y me encuentras
rodeada de plegarias como de hogueras altas.

Para conocer más a Rosario Castellano, descarga gratuitamente:

Narrativa
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Poesía
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