Reto de escritura #26

por | Jul 20, 2023

Me encantan los jueves de escribir juntos. Espero que estés practicando y que los tips que te ofrezco te apoyen a lograr tus objetivos de escritura. Esta semana quiero proponerte escribir un diálogo imaginario. Hay varias formas de trabajar el diálogo tanto en la narrativa como en la dramaturgia. En narrativa utilizamos los guiones, las comillas o los dos puntos para indicar la aparición de un diálogo. En la dramaturgia o el teatro, se identifica porque viene el nombre del personaje, dos puntos y empieza el parlamento.

En narrativa podemos utilizar el estilo libre indirecto, esto significa que los diálogos no están marcados con comillas o guiones, sino incluidos dentro del cuerpo de texto, tal como te lo marco en mi ejercicio.

Aquí mi ejercicio.

Para Lily….

Ayer preguntaste cómo recobrar tu paz. Ojalá tuviera una respuesta fácil, definitiva. Lo cierto es que perder el equilibrio es tan sencillo requiere solo una palabra incómoda, un tono de voz sarcástico, una amenaza velada, una mirada reprobatoria.  Recobrar la paz interior cuesta. En realidad, duele y mucho.

¿Te dije qué busqué la palabra en el diccionario? Sabes que me gusta entender el origen de las palabras. De esas mil y una cosas que están registradas en mi cabeza bajo la etiqueta de: cosas que a nadie le importan solo a mí. La Real Academia de la Lengua Española mejor conocida como la RAE, afirma que paz es: Situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países. Relación de armonía entre las personas. Estado de quien no está perturbado.   En pocas palabras la paz es a ausencia del conflicto o de la guerra.  ¿Ok, entendiste algo?  ¡Yo tampoco! Describir la paz como concepto ni siquiera es claro en el diccionario, cómo va a serlo en el alma de cada persona, cuando todos somos un caleidoscopio de experiencias y sentimientos tan subjetivos como los colores. 

 Te entiendo. A mí también me gustaría una idea más clara o al menos una definición que reflejara cómo te sientes, algo que nos diera una pauta para quitar del corazón esta incertidumbre que taladra y envuelve en un laberinto de dudas y más aún de la culpa y  la terrible frase: ¿Qué hice mal? ¿Por qué me siento así?

Paz proviene del latín pax.  Pax es el nombre de la diosa romana de la paz, hija de Júpiter, (en la mitología romana es Zeus) y de Themis, la diosa del buen consejo. 

Ya sé que esto no da consuelo. Perdona. Es  como funciona mi mente cuando el desasosiego entra como una sombra furiosa.

Tengo semanas pensando que en muchas ocasiones entregamos nuestra paz a alguien más.  Sí, fíjate. Nuestra paz depende de la carga vehicular, del clima, de la mirada y la opinión de terceros, de la enfermedad propia o de otros, de lo que hicimos o no hicimos. Parecería que nuestra paz es responsabilidad de otros, una estrategia absurda pero muy efectiva del ego para atormentarnos.  ¡Me sale lo dramática!

La respiración, el mantra, la oración todo ayuda, tú y yo lo sabemos, pero a veces no es suficiente para salir de la espiral de la angustia. Todo se intensifica cuando entra el factor el otro. Cuando alguien te dice, te mira, no te dice, no te mira, no te contesta.  Observa el lenguaje.  Fíjate como todo lo personalizamos con ese te / me . Pensamos: no me dice, no me busca, me dijo, me gritó. Lo personalizamos, lo hacemos nuestro cuando lo que pasa es completamente distinto: Ella no dice, ella grita.  Con el lenguaje lo hacemos personal, aunque no lo sea. Muchas veces pienso que las luchas internas de cada uno explotan como palabras y modos de hablar. 

Es como una herida que en lugar de supurar pus supura palabras que cuando nos llegan decidimos que nos duelan. No siempre activamos nuestros escudos para entender que es el dolor, la enfermedad, temas ajenos, la tristeza o hasta la química del cerebro del otro lo que está hablando.

¿Te conté lo del doctor?  Ok, te resumo. Hace unas semanas llevé a mi papá al doctor como seguimiento de una cirugía de cataratas. Mi papi se quejaba de su vista. El médico se alocó, gritó horrible, dijo una serie de idioteces, una escena digna de los realitys de bajo presupuesto.  Toda la escena frente a su personal. El tipo gritaba mientras me tenía enfrente. La verdad me comporté como una diosa del lenguaje, no respondí a sus provocaciones ni insultos.  #Figtherwriter, baby!

Algo en mi loca cabecita y en este corazón de mar entendió que lo que hablaba era su herida, él está herido. La concepción de él mismo respecto a su talento médico dependía de los halagos de sus pacientes. Mis dudas lo lastimaban y reaccionaba con fiereza. Sus miedos, su idea de reputación eran más fuertes que su propia racionalidad y hasta el sentido común. 

Es obvio que no siempre podemos reaccionar así. Al menos yo, no. El punto es que necesitamos comprender y grabarnos a fuego que nuestra paz interior depende solo de nosotros. Y mira, que te digo y me muerdo la lengua porque más de una vez he puesto mi paz en un like que no llega, en una amistad falsa, en el miedo. Muchas veces nos angustiamos por cosas que están fuera de nuestro control o cosas que sólo existen en nuestra imaginación.

Entiendo que hoy sientas decepción y dolor, que cueste entender por qué nos pasan cosas tan retadoras que nos sacan de nuestra zona de confort. Lo sé, he estado y también estoy ahí.  El punto es que no estás sola, aunque por momentos así te sientas. No voy a decirte que te pongas en lugar de otro, ya bastante es aguantar nuestros propios zapatos, lo que sí te pido es quizás lo más complicado: sé compasiva contigo misma. No te juzgues, ámate. Date la oportunidad de llorar un rato, de aprender, de respirar y a darle para adelante. Para atrás ni para tomar vuelo.

¿Cómo recuperar la paz?  Ojalá tuviera una receta concreta, una lista de tareas por hacer y que su resultado fuera mágicamente arreglarlos las fisuras del alma. Supongo que cada uno tiene que inventarla y aun así habrá cosas que te funcionen un día y la siguiente ocasión simplemente se queden cortas.

Mi única certeza es que la paz interior es un trabajo diario. Hay días que lo hago maravilloso y otros días simplemente requiero apoyarme en algo o en alguien para entender que eso que siento también va a pasar. Y lo que hoy sientes también va a pasar. Tu paz es lo más valioso que tienes.

Te quiero y te admiro. Que mis palabras te conforten y te ayuden a enfrentar este momento. Que caminemos juntas a la paz, siempre.

¿Cómo te sientes?

TIP: Observa como el narrador del texto habla y se contesta así mismo, como en una conversación. Aunque no viene el diálogo de su interlocutor de forma explícita se sobreentiende.

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Lily
Lily
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6 meses antes

Mi paz es mi responsabilidad

¿Te conté lo que me pasó aquel día que cayó la tromba? Sí, ya sé que me has dicho que tenga mucha precaución los días lluviosos, pero neta, no se veía tormenta alguna o bueno, no la vi venir.

Me dirigía caminado por la calle al gran estacionamiento donde deje el carro, al cruzar la esquina el cielo se dejó caer sin aviso alguno. Comenzó la intensa lluvia. El viento soplaba muy fuerte, no había truenos ni relámpagos solo cántaros de agua cayendo sobre mí. Comencé a sentir que el aire y el agua eran muy fríos. Entraban por mis fosas nasales y mi boca, ese cambio de temperatura tan rápido y tan drástico hizo que mi respiración fuera muy agitada y me comenzó a doler el pecho. No podía respirar adecuadamente. Sentí un gran miedo, algo que nunca había sentido, realmente pensé  que me daría una pulmonía, alguien que pasaba por ahí gritó: ¡esto es una tromba! cuando oí la palabra tromba recordé lo que me dijiste alguna vez: en las trombas el agua sube muy rápido, el viento tumba árboles, postes y se vuelve todo un caos; así que no me quedó otra que como diera lugar llegar hasta el carro.

La verdad no sé como logré llegar hasta al vehículo, al entrar sentí que estaba en puerto seguro, por supuesto que de inmediato empapé el asiento. Me encontraba temblando, me dolía el pecho y  por el parabrisas no podía ver nada, así que recargue mi cabeza en la ventana, cerré los ojos escuchando la tormenta con miedo y se me vino el recuerdo del  “Momo”. ¿Recuerdas que me dijiste que el primer carro es el que más se valora?

El “Momo” un Renault R8S Coupe modelo 73 color azul marino, el primer carro que compré con el sueldo de mi primer año trabajando, todo un deportivo francés con todas sus partes originales.

Me creerás que uno de los grandes aprendizajes que me dejó el Momo es entender que es la “responsabilidad”.  No hagas esa cara de what´s, ya sabes que me caen los 20´s desde la experiencia, en lo cotidiano.

“El Momo” en tiempo de lluvias jamás de los jamases me dejó parada o que se descargó la batería, peroooooooo al ser un automóvil chiquito y chaparrito, en las lluvias el motor rugía más y al tener sus añitos el agua se metía un poco por los empaques debajo de la puerta.

El Momo a sus 27 añitos era muy responsable. Entendí que la responsabilidad es responder de la mejor manera a las circunstancias para tener un mayor bien estar y eso implica en momentos deshacerse de los empaques originales, es algo que necesité hacer por el Momo.

¡Charrosssss! Ahora que te platico esto y aprovechando tu escucha, me doy cuenta que la tromba que cayó en días pasados ha sido más violenta, más lastimosa y más destructiva que cuando estaba “El Momo”; eso me recuerda que necesito actualizar los “empaques del carro”, por unos más adecuados a estas lluvias, porque ese cambio nadie lo hará por mí y así también creo que sucede con la paz porque mi paz es mi responsabilidad.

Sí, quiero más té, por favor….. 

Escrito por: Lily Bautista.

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