Clarice Lispector -El enigma en la escritura-

por | Sep 20, 2021

Leer a Clarice Lispector es sumergirte en el lenguaje. Es flotar entre partículas de luz. Esa gravedad cero que te eleva y trastoca. Es descubrirse sin ataduras en el reflejo de una página que es tan misteriosa como la vida misma. 

Clarice es su propia historia. 

En Ucrania, tras la revolución bolchevique, los soldados invadieron la casa de la familia Lispector y asesinaron a su abuelo. Su madre Mania Krimgold fue violada por varios soldados contagiándola de sífilis, enfermedad que la condenó a una silla de ruedas. En esa época, la creencia popular apuntaba que la sífilis se curaba con un nuevo embarazo. Clarice fue concebida con la misión de salvar a su madre.  Chaya Pinjasovna Lispector nace en Ucrania en 1920, hija de padres judíos que logran huir a Brasil después de sortear múltiples dificultades.

Las rosas tiene un gran simbolismo en los textos de Lispector. En varias ocasiones, Clarice cuenta cómo robaba rosas de los jardines cercanos para regalárselas a su madre enferma. La madre de Clarice murió cuando ésta apenas tenía 10 años de edad, marcando en ella una herida que nunca cierra, el no poder salvar la vida de su madre.

“Escribo como si fuera a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida.”

Originalmente nombrada Chaya, del hebreo o yiddish significa “llena de vida”; al llegar a Brasil, cambió su nombre por Clarice, claridad, brillo. 

La búsqueda y conformación de una identidad está presente en la obra de Clarice; descubrirse e inventarse son parte de su destino narrativo.

Benjamín Moser, biógrafo de Clarice, afirma que Lispector vivió la pobreza en Brasil, no la pobreza típica de las favelas o los barrios bajos, sino esa pobreza de su condición de inmigrante,  de saberse de fuera, de tener que escapar, de reconstruir una identidad en los retazos de la propia historia familiar.

Estudió derecho, ejerció el periodismo y publicó desde muy joven. A los veintún años publicó Cerca del corazón salvaje, novela que escribió cuatro años antes, revolucionando las letras brasileñas.  En sus años de universidad conoció a Maury Gurgel Valente, un abogado que fungió como diplomático y ofreció a Clarice una vida privilegiada en diferentes países;  su boda estuvo marcada por el escándalo al casarse con un hombre católico. Con Gurgel Valente tiene dos hijos, Paulo y Pedro; en 1959 regresa divorciada y con sus hijos a Brasil, empieza aquí su trabajo más intenso. 

En los textos de Lispector, las mujeres, sus eternas protagonistas enfrentan múltiples retos, pobreza, abandono, desamor y una soledad que permea. Lispector mantuvo en su obra, el imaginario y simbolismo judío, lo que podemos interpretar como una búsqueda de sentido en la divinidad interior, una vocación casi mística y delirante que habita dentro de la realidad de los personajes.

Como en todo, también al escribir tengo una especie de temor de ir demasiado lejos.¿Qué será eso? ¿Por qué? Me detengo, como si retuviera las riendas de un caballo que podría galopar y llevarme Dios sabe dónde. Me re­servo. ¿Por qué y para qué? ¿Para qué cosa estoy eco­nomizándome? Ya tuve clara conciencia de eso cuando una vez escribí: «es necesario no tener miedo de crear». ¿Por qué el miedo? ¿Miedo de conocer los límites de mi capacidad? ¿O miedo del aprendiz de hechicero, que no sabía cómo detenerse? Quién sabe, así como una mujer que se reserva intacta para entregarse un día al amor, así tal vez yo quiera morir toda entera para que Dios me tenga toda.

No Soltar los caballos

Clarice afirma que tenía un: “no estilo”, ella era una mujer común, una madre que a veces escribía. 

«Nací para amar a los demás, nací para escribir y para criar a mis hijos. Amar a los demás es tan vasto que incluye perdón para mí misma, con lo que sobra. Amar a los demás es la única salvación individual que conozco: nadie estará perdido si da amor y a veces recibe amor a cambio»

Leer a Clarice Lispector es un reto. Implica sumergirse en la experiencia del lenguaje como en un cuerpo de agua, salir a flote, diluirse, hacerse agua, uno de los motivos recurrentes en sus cuentos. 

Yo estaba organizada para consolarme de la angustia y del dolor. Pero cómo es que me arreglo con esa simple y tranquila alegría. Es que no estoy acostumbrada a no necesitar de mi propio consuelo. La palabra consuelo me llegó sin sentir, y no lo noté, y cuando fui a buscarla, ella se había transformado ya en carne y espíritu, ya no existía más como pensamiento. 

La lluvia tampoco da las gracias. No hay nada que agradecer por haberse transformado en otra. Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tal vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa.

Tanta Mansedumbre

Las letras de Clarice Lispector son un destello delirante, un espejismo que nos lleva a cuestionar la realidad que nos habita y devora. Clarice Lispector es una de las grandes escritoras que merece ser leída y admirada.

Clarice Lispector encierra un misterio, un enigma en su mirada, un acertijo en cada cuento donde parece que no pasa nada, porque la acción ocurre dentro del lector, Lispector hechiza por un manejo tan brutal y complejo del lenguaje que evoca y construye realidades alternas, transfiguraciones, porque como dice en su cuento Felicidad Clandestina:

“Hasta el día siguiente, de la alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.

Felicidad Clandestina.

 

Clarice Lispector tiene una obra versátil. Reportajes, artículos, libros infantiles, cuentos y novelas. Aquí te compartimos un poco de su prosa poética.

Es allí a donde voy, de Silencio

Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy.

La punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espalda magia: es allí a donde voy.

En la punta del pie el salto. Parece historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy. ¿ O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas.

Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra «tertulia», y no sé dónde ni cuándo.


Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí a dónde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe.

Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después de todo es real.

Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando.

Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien me dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy.

Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto.

Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros.

Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta.

Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo. Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama.

Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, cachorro, ¿dónde esta tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.


Para acercarte a Clarice Lispector, te recomendamos empezar con:

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/208-090-clarice-lispector


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